¿Conoces la leyenda azteca del conejo en la luna?

Este lunes en todas las redes sociales los hashtags y las menciones acerca de la súper luna fueron lo más popular y era de esperarse, pues la luna lució más grande y resplandeciente por primera vez en 70 años y las imágenes capturadas fueron sorprendentes.

Pero las fotos de de este fenómeno no son lo único asombroso relacionado a nuestro satélite natural, pues con motivo de este espectáculo recordamos una popular leyenda mexicana que quizás no conoces y también nos habla de ella.

La leyenda mexicana dice que en una ocasión Quetzalcóatl, cuyo significado es “serpiente emplumada” y es uno de los dioses de la cultura mesoamericana, decidió emprender un gran viaje por el mundo en su forma humana. Un día dentro de su travesía y tras una larga caminata decidió sentarse a descansar a la orilla de una carretera mientras contemplaba el atardecer, pues en ese momento ya había llegado al límite de su energía y se encontraba hambriento. Mientras Quetzalcóatl descansaba, un conejo se acercó a él, sin saber de quién se trataba, y al ver su condición exhausta le ofreció de su alimento, sin embargo, lo único que tenía para ofrecer eran hierbas y Quetzalcóatl inmediatamente respondió que no comía plantas. Ante tal respuesta el animal se sintió mal de no poder ofrecerle nada más, ya que sólo era un pequeño y simple conejo, por lo que se ofreció para que lo comiera a él, ya que esto le daría las fuerzas que necesitaba para continuar su camino. Ante tan noble gesto, Quetzalcóatl tomó al conejo y le dijo:¨Tú serás nada más que un simple conejo pero desde ahora y para siempre todo el mundo se ha de acordar de ti al ver tu figura plasmada en la luna” y los arrojó al cielo quedando su forma plasmada en la superficie lunar.

Entonces si esta esta noche, volteas a observar la majestuosidad de nuestra luna y lo haces detenidamente, podrás encontrar la sombra de ese pequeño conejo, que quedará grabada para la eternidad.

Una enternecedora historia que complementa la gran y maravillosa cultura que poseemos los mexicanos. Ahora sabrás que fue un dios azteca, conmovido por el acto de un ser diminuto, el que lo hizo perpetuo para los seres humanos. Con esto, debemos reconocer que no existe ser vivo y mucho menos acto de nobleza insignificantes.

 

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